Yo pongo tu voz en el pico de un pájaro. No hay voces que no hagan ecos en el correr pluvial de tus alas. Dejemos al mundo disolverse en medio de los pliegues de tu cara, y quizá la miel de esas abejas sea solo un punto de comparación con los ruegos terciados de mi piel a la tuya. Trepar una colmena de lado a lado, laberinto mágico de la tierra.
Que se partan los cielos de nuevo. Y guardame en la fortaleza de tus brazos. Es tu perfil que me otorga la grandeza de poder soplar el cosmos y borrar las nubes. En el filo de tus uñas soy la meta de mi vida, enterrada en tu fertilidad, con los oídos dementes de placer y azúcar.
Y temblor aireado de la respiración que nos une, nos ata, nos pega, como las plumas se encarnizan en las alas.
Y yo pongo tu voz en el pico de un pájaro.
lunes, 19 de octubre de 2009
Viste que lindo secreto? El que se nos mete entre las patas cuando estamos acostados? El vientito de crema que se te cae de la boca al respirar. Los pinceles de tus dedos...se suavizan graves tus gestos cuando estás dentro mío, con tu smanos sobre mi piel o tus ojos sobre mi más penetrable acento.
Me doy vuelta y me choco con tu pecho, con tu espalda, con tus músculos cobijados, con la grandeza de tu cintura que me pide que me filtre en ella. Que me diluya entre las dunas de tu espalda. Y colgada de los dientes del definitivo y hermoso espacio de tu nuca soy testigo de un fenómeno químico del cielo.
Y el calor que provocamos no es igual a ningún calor; a ninguna forma de fuego ardiendo en grandes cantidades.
Es nuestro calor, y no existe un igual.
Y quiero conservarlo hasta la muerte de mis receptores activos de la hermosura.
Me doy vuelta y me choco con tu pecho, con tu espalda, con tus músculos cobijados, con la grandeza de tu cintura que me pide que me filtre en ella. Que me diluya entre las dunas de tu espalda. Y colgada de los dientes del definitivo y hermoso espacio de tu nuca soy testigo de un fenómeno químico del cielo.
Y el calor que provocamos no es igual a ningún calor; a ninguna forma de fuego ardiendo en grandes cantidades.
Es nuestro calor, y no existe un igual.
Y quiero conservarlo hasta la muerte de mis receptores activos de la hermosura.
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